Los usos y costumbres en Oaxaca permitieron que transcurrieran las fiestas patrias sin incidentes. Los días 15 y 16 de septiembre, Oaxaca fue el segundo punto de atención de la opinión pública nacional y allende fronteras, después de la ciudad de México.
Había expectación sobre lo que pudiera acontecer con la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), si habría más detenciones o si éstos intentarían cruzar el cerco policial instalado desde temprana hora en el Zócalo de la ciudad.
Se preguntaban si la gente acudiría o no al corazón de la ciudad para escuchar el Grito oficial, ante el temor de un eventual conflicto en las calles. Y también, qué diría Andrés Manuel López Obrador durante su gira por la región de la Cañada.
Paso todo sin sobresaltos. La Asamblea, sin sus líderes visibles, reunió a un centenar de personas en la plazuela del Carmen Alto, donde se realizó El Grito a cargo de la esposa del médico Felipe Martínez Soriano, quien en algún momento del conflicto del año pasado fue considerado como “gobernador moral” por los seguidores de esta organización.
Fue una ceremonia sin el remolino de gente que provocaban los primeros llamados, y terminó apenas iniciada la noche.
En el otro extremo de la ciudad, el ánimo no era distinto. Un elegante, pero frío Museo del Palacio albergaba a los invitados –y algún colado– a la ceremonia del Grito, que volvía a darse en este espacio luego del conflicto del año pasado.
El gobernador Ulises Ruiz salió al 15 para las 11 al balcón, acompañado por los representantes de los poderes Legislativo y Judicial, Bulmaro Rito y Héctor Mafud, respectivamente.
Abajo, en la plancha del Zócalo, había de todo. Ulisistas y no ulisistas estaban ahí para gritar ¡Viva México!, aunque el sonido no fue el mejor y la voz del Ejecutivo no hizo vibrar a los presentes. Esta vez el Gobernador no convivió mucho tiempo con sus invitados, estuvo un tiempo razonable y salió.
La ausencia más comentada fue la de Jorge Franco Vargas, uno de los hombres más cercanos al Gobernador que fungió como secretario general durante el conflicto, aunque a decir de voces autorizadas, fue él quien tomó la decisión de no asistir, aunque sí fue invitado.
Mientras, en San José Tenango, Andrés Manuel López Obrador arengaba también para rememorar el inicio de la Independencia, y la celebración de una nueva estrategia para demeritar la imagen del presidente Felipe Calderón, aunque sigue con su churrigueresco léxico que le resta, más que sumarle simpatías.
Ahí anduvo, acompañado por el senador Gabino Cué y lejos de los perredistas, que ya no saben cómo explicar a su dirigencia nacional lo mal que van en sus campañas rumbo a las alcaldías. Lo paradójico es que mientras el PRD, incluyendo al mismo López Obrador, han desairado a la APPO, fueron los dos personajes al penal de Cuicatlán a visitar a Flavio Sosa, quien fungía hasta antes de su detención como consejero nacional de este partido y ahora ha enviado a representantes a representantes como César Mateos Benitez o Zenén Bravo para que apoyen a Convergencia.
El desfile transcurrió casi en las mismas circunstancias. La Sección 22 no se hizo presente, pero tampoco se movilizó, se limitó a la protesta verbal a través de su vilipendiado dirigente, Ezequiel Rosales Carreño, quien se ha convertido últimamente en un adorador del Dios Baco. Eso fue en las Fiestas Patrias, donde cada quien vivió su Grito y su Independencia, retomando esos usos y costumbres que ya probaron su efectividad.
Ya vendrán las otras fechas que surgen de nuevo en el calendario de las movilizaciones. El 2 de octubre, el 20 de noviembre, el 23 de diciembre y las que se les ocurran. Bienvenidos otra vez los usos y costumbres de pactos entre el Gobierno y las organizaciones para llevar la fiesta en paz. Unos hacen como que protestan, y otros hacen como que son tolerantes. Unos harán los planteamientos y otros serán los que resuelvan. Todo sea por la tranquilidad de Oaxaca.
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Dicen que al candidato del PAN en Ejutla, Samuel Bautista, le está yendo bien. Que el financiamiento para su campaña está asegurado por sus buenas relaciones en San Raymundo Jalpan, y no precisamente por su esposa, la diputada Marlene Aldeco. ¿Será?
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Este martes se presentará el libro “Memorias administrativas del gobernador del estado de Oaxaca, Benito Juárez, 1848-1852”, comentado por Anselmo Arellanes Meixueiro, Carlos Sánchez Silva y Héctor C. Hernández Silva. El moderador será Isidoro Yescas Martínez. La cita es a las 18:00 horas en la biblioteca “Francisco de Burgoa”, en el Centro Cultural Santo Domingo.
Por cierto ¿dónde estarán todos esos fervientes juaristas que no dijeron una sola palabra sobre el comparativo que hicieron entre Luis Miguel y el Benemérito de las Américas? Imagínese, la crítica de espectáculos mencionó que tan sólo por el peinado que luce el artista ¡tiene un gran parecido a Benito Juárez! ¿Está de acuerdo?
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