Oaxaca, Oax. 15 de noviembre de 2009 (Quadratín).- Contrario a lo que sostiene la sentencia popular, el día de mañana los oaxaqueños seremos testigos de que sí existe un “quinto malo”; pues la verdad no se puede esperar nada positivo del informe que Ulises Ruiz enviará al Congreso del Estado.
Si algo bueno se le puede encontrar a dicha obligación, indudablemente es que con su presentación comienza la cuenta regresiva para despedir al peor gobierno que hayamos registrado en las últimas décadas. De ahí, todo lo demás será una estrategia cimentada en el derroche de los recursos públicos para tratar de vendernos una realidad virtual y no real, que en nada corresponde a lo que cotidianamente corroboramos los oaxaqueños.
Veremos un gran desfile de famosos comunicadores nacionales que cobran honorarios millonarios, y que lo hacen no por informar lo ordinario, sino por no dar a conocer lo verdaderamente trascendente.
Entre más información tengan que ocultar, más altas sus tarifas para mejorar la imagen de quien los contrate, a sabiendas incluso, que dicha labor pudiera resultar titánica o imposible.
Un buen maquillaje para cubrir el nerviosismo que el rostro suele reflejar cuando se sabe que las cosas no son del todo favorables; unas preguntas a modo para no caer en el terreno de lo inexplicable; expertos en imagen para pretender ocultar el cinismo y las mentiras que habrán de manifestarse y una lujosísima edición para justificar el costo sufragado con recursos del erario público. Un informe de “cara a la nación” y de espaldas al pueblo es lo que veremos a partir del próximo lunes.
Poco se dirá del fracaso de un gobierno que en tan sólo cinco años incrementó los índices de pobreza, de desempleo, de inseguridad, de nivel educativo, de ingreso per cápita, de injusticia, de desarrollo económico, de transparencia y de rendición de cuentas, entre otros muchos rubros más que serán disfrazados con coloridas gráficas y con argumentos falaces que sólo cumplen con el objetivo de entregar un legajo de mentiras y de sueños no realizados. Serán otra vez los diseñadores gráficos y no los contadores o los expertos en finanzas quienes autoricen los tomos que habrá de recibir un Congreso sometido y servil por la única razón de pertenecer al mismo partido del titular del ejecutivo y por saberse en deuda con quien los llevó hasta ahí, y no con una ciudadanía que desde siempre les ha demandado el cabal cumplimiento de sus atribuciones. Tendremos que esperar un poquito más de 12 meses, para que sea un nuevo gobierno el encargado de revisar esas cuentas alegres que en nada coinciden con el status de vida de más del 50 % de la población. Tarde, pero la verdad saldrá a flote y con ello el destino de recursos que no fueron utilizados para su propósito original.
Como ha ocurrido durante los últimos años, veremos a un gobierno que hace caravana con sombrero ajeno; o lo que es lo mismo, que pretenderá justificar los millonarios recursos enviados por la federación, haciendo mención exclusivamente a obras realizadas con estos dineros, pero sin especificar a detalle los montos asignados a cada una de ellas; pues han encontrado en el englobamiento de cifras, el mecanismo más práctico para evitar revisiones y cálculos a detalle. Lo que les importa es tender los obstáculos para evitar auditar, no por los órganos del estado que terminan por ser apéndices de los mismos a quienes deberían exigirles cuentas, sino a una sociedad que con gusto se apresta a compulsar lo reflejado en el informe con la realidad. A eso le temen, de ahí que no informen absolutamente nada.
A punto esta Ruiz Ortiz de dejar la administración estatal, y nadie conocerá el dato exacto de cuánto ingresa a las arcas estatales por impuestos como el 2 % por apoyo a la alfabetización, o por el 3 % al hospedaje, o por multas que a diario levantan las diversas dependencias estatales, entre otros cobros que a cotidianamente se realizan a lo largo y ancho de nuestro territorio y que no se sabe a cuánto asciende y lo más delicado, a la cuenta de quién van a parar. Lo federal se conoce porque viene etiquetado, pero de lo estatal, nadie sabe, nadie supo. Ojalá que a Joaquín López Dóriga, Adela Micha o Javier Alatorre se lo pregunten, a ver si a ellos si les informa; pero pecaríamos de ilusos si creyéramos que esto va a suceder.
Tampoco informará sobre el estado que guarda el dictamen de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y de cómo su administración habrá de enfrentar su responsabilidad encontrada por los Ministros, ni cómo habrá de resarcirle el daño a miles de oaxaqueños que demandan justicia y la reparación del daño a causa de sus omisiones y comisiones graves registradas durante del conflicto social del 2006. Eso sabe que ni con gráficas lo podrá esconder. Asimismo nada dirá sobre su abierta y franca participación en el pasado proceso electoral federal, en donde el Tribunal determinó su responsabilidad en acciones tipificadas como delitos electorales, y que hoy lo tienen al borde del inicio de un juicio político, el que si no ha prosperado es consecuencia del mismo servilismo y sometimiento de los encargados de iniciar el juicio correspondiente.
Nada podrá mencionar en cuanto a la reconstrucción del tejido social que con sus malas acciones fue deteriorando hasta dejarlo hecho pedazos y en situación de verdadera gravedad.
En cambio veremos cómo se aprovecha ésta obligación constitucional para derrochar el dinero que no se tiene para rubros prioritarios como educación, salud o apoyo a los jóvenes, y que sí se tiene en cantidades estratosféricas para el pago de entrevistas a modo, por cierto…¡muy bien pagadas! No esperemos pues, nada bueno del quinto informe de gobierno, si acaso insisto, el que con su entrega comienza la cuenta regresiva de una administración que por años se le olvidó que el poder no es eterno y que hoy paga las consecuencias de ello. Si hay quinto malo.
(*) Presidente del C.D.E. de Convergencia en el estado de Oaxaca