Oaxaca, Oax. 1 de marzo de 2010 (Quadratín).- En días pasados el Consejo General del Instituto Estatal Electoral (IEE) hizo entrega formal de la constancia que otorga el registro legal a la Coalición denominada “Unidos por la Paz y el Progreso”, misma que conforman los partidos políticos de Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT) y de Convergencia. Derivado de lo anterior, el martes 23 de febrero estuvieron presentes en la capital oaxaqueña, los dirigentes nacionales de los partidos coaligados, quienes representados por sus presidentes César Nava (PAN), Jesús Ortega (PRD), Luis Walton de Convergencia y Silvano Garay, representante de Alberto Anaya, presidente del PT, vinieron a refrendar su apoyo al gran frente opositor que habrá de enfrentar a la Alianza que integran los partidos Revolucionario Institucional y el Verde Ecologista.
El evento caracterizado por el colorido de las banderas de los partidos coaligados, por la alegría de sus asistentes, así como por el gran número de ciudadanos que por sus propios medios fueron llegando a enorme salón para presenciar lo que para muchos de los asistentes fue catalogado como “un sueño hecho realidad”. Atrás quedaban dudas, incredulidad, desconfianza y hasta la incertidumbre sembrada por los que hoy están temblando, en el sentido de que la unidad de los partidos políticos era algo más que imposible; ¡claro!, lo sostenían porque previamente encerrados entre cuatro paredes y a media luz, habían pactado a espaldas del pueblo que cambio de no aprobar la alianza en Oaxaca, los del PRI votarían –tal y como lo hicieron—por mayores impuestos para la población. Raro que esas mismas voces que tanto alentaron la teoría del agua y el aceite, ante tal evidencia guardaran absoluto silencio. Claro está que “algunos autoritarios” si pueden unirse con el único afán de perjudicar al pueblo y de sostenerse en el poder; pero cuando de unirse se trata para rescatarlo y defenderlo, entonces sí recurren a lo más bajo y perverso para tratar de evitarlo a toda costa. Su estrategia, como ya lo he dicho en ocasiones anteriores, no les funcionó; pues pudo más la demanda ciudadana de ir unidos en una gran coalición, que la obsesión por seguir explotando al noble pueblo oaxaqueño.
La gran coalición de partidos ya está, pero ¿y ahora qué? Habrá que ser muy claros, el otorgamiento de su registro o de su constitución, no viene a ser el final de los anhelos de los oaxaqueños, ¡no!, sino que por el contrario, viene a ser el principio de una serie de obstáculos que ordinariamente serán colocados por aquéllos que en voz baja coinciden en que su constitución puede terminar con más de 8 décadas de regímenes priístas en el estado y en su pánico son capaces de lo impensable para tratar de impedirlo. Lo reitero, el trabajo no termina con el reconocimiento de la Coalición; esto apenas representa el banderazo de salida. Por lo pronto habrá que anunciarlo, vendrá una nueva arremetida diseñada desde el poder estatal para tratar de alentar las diferencias –que las hay—pero que fueron superadas con generosidad, con respeto, con talento y con altura de miras por quienes fuimos conformando la Coalición “Unidos por la Paz y el Progreso”. En su bajo nivel de política que los caracteriza recurrirán al conocido estilo de querer “amarrar navajas” o lo que es lo mismo recurrirán a lo que han hecho desde que asumieron el poder hacer seis años, o sea, a dividir. Lo harán primero valiéndose de fundamentos ideológicos y sembrando insidias. Para ello se podrían valer de aquéllos que teniendo todo el derecho para participar en el proyecto de transición democrática, optan por las prebendas y por las canonjías que el someterse al poder en turno les otorga, más como un auto reconocimiento a sus nulas posibilidades de competencia, que por una real falta de oportunidad. Como por arte de magia tendrán la abundancia de recursos para iniciar mini campañas de descalificación y de denostación. Por eso es previsible que salgan con todo el apoyo del estado a declarar que como no se les otorgan los espacios para competir, mejor optarán por alentar el voto nulo o el voto en blanco…¡aguas!, todos sabemos que eso no es verdad, pero adicional identificamos a quiénes ha beneficiado tal estrategia y por lo mismo de dónde se financia. Así como hubo acuerdos para evitar que el PAN fuera en la Coalición en Oaxaca, de la misma manera puede haber “arreglos” para impulsar la fragmentación del voto sin la menor pena de que institutos políticos estatales puedan ser utilizados para tal fin.
Sobra decir que el “enrarecimiento” del ambiente social, será otro de los factores a los que los coaligados deberemos enfrentar. El estrepitoso aumento en el nivel de violencia en el estado no es algo fortuito, tiene como claro objetivo el generar miedo entre la ciudadanía, sabedores sus promotores de aquélla vieja teoría que sostiene que ante la posibilidad de un cambio real, el terror y la incertidumbre vienen a ser el antídoto para que el ciudadano recule hacia lo ya conocido, por pésimo que este sea. Así que como ya se ha hecho costumbre, cada vez que hay un proceso electoral en el estado, habrá quienes –como el viernes pasado—recurran a la generación de psicosis, ya con el posible o real estallido de bombas, o ya con la aparición de grupos armados e incluso con la reactivación de los “levantones” o secuestros. Ante tal propósito lo que los ciudadanos debemos exigir es que el estado cumpla con su obligación de otorgar la seguridad que su población requiere y estar atentos ante cualquier situación que ponga en riesgo la integridad de quienes con determinación vemos en la vía pacífica, democrática e institucional, el cambio que los oaxaqueños anhelamos.
¿Y ahora qué? Pues el trabajo unido, responsable, de frente, honesto y transparente que significa el enarbolar las demandas de una ciudadanía harta de estar harta. Ahora el reto de llevar la propuesta electoral que recopila el sentir y el pensar de miles de oaxaqueños y oaxaqueñas. Ahora el cumplir el compromiso de rescatar a Oaxaca de esos malos gobiernos y el propósito de iniciar con la transición democrática.
La integración de la Coalición “Unidos por la Paz y el Progreso” no es el final de un anhelo, es tan sólo el principio.
(*) Presidente del C.D.E. de Convergencia en el estado de Oaxaca